Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



martes, 22 de enero de 2013

Un tipo con suerte



Empezó a guardar parte de su suerte a partir de los ocho años. Mientras otros  devoraban su buena suerte sin ton ni son y eran tremendamente felices durante el chisporroteo de un leño, el prefería consumir su reserva poco a poco. El problema era que si la guardaba durante mucho tiempo la racha de suerte perdía su brillo y se marchitaba como una flor para poco después convertirse en polvo. Pero con los años aprendió que podía congelarla y usarla cuando la necesitaba. Se convirtió entonces en el hombre con más suerte del mundo pero nunca consiguió que otros aprendieran de él. Finalmente se dio cuenta de que la suerte es personal e intransferible.