Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



martes, 31 de mayo de 2011

El umbral de espejo



     Había dibujos desparramados por todas las estancias de la gran casa inhabitada, como en su sueño. En el suelo de mármol, encima de los muebles, sobre la cama deshecha… Extraordinarios trazos de colores trayendo a la vida personas, objetos y animales. Eran muy buenos y dolía verlos llenos de polvo, manchados, arrugados. Los observó largo rato, boquiabierta. ¿Qué tipo de artista podía abandonar así su obra?

Percibía todo el tiempo en el aire una frágil vibración que la incomodaba y que se intensificó al llegar a la buhardilla. Ella seguía aquella señal como si de un olor se tratara: el aroma de la angustia, del dolor, de la desesperanza. Lo conocía bien.

El espejo estaba en el suelo, apoyado contra la pared. Reflejaba una banqueta y unas piernas. Escuchó la petición del artista con el corazón encogido y no cerró los ojos cuando las piernas arañaron el aire. Era lo mínimo que podía hacer por él.

Cuando todo acabó recogió todos los dibujos uno a uno y encendió una pira en la vieja fuente del jardín, seca desde hacía mucho tiempo, como en su sueño.

De este modo, ya no quedaba nada de él que pudiera atarle al mundo…, excepto el recuerdo que ella guardaba en su mente. Sólo alli el artista se sentía a salvo.

2 comentarios:

  1. increíble....qué bonito...

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  2. El fantasma es el único sujeto real. ► Rebis rhopografía

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