Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



martes, 1 de marzo de 2011

La nena de l'Estany

Estany de Banyoles, Girona

Cada mañana salía de casa con una bolsita de pan duro que daba a los patos y peces del lago, de camino a la escuela. Por las tardes, al regresar del colegio compraba más comida en el quiosco frente al embarcadero y pasaba horas observando las aguas y a sus habitantes.

La quiosquera, tras declarar una y otra vez que vio cómo la niña caía al agua y se alejaba nadando convertida en pez, fue señalada el resto de su vida como loca. Hace tiempo que murió, alcoholizada. Nadie la tomó en serio nunca, por supuesto. Los buzos no lograron encontrar el cuerpo. La familia marchó del pueblo. “Las corrientes la arrastraron a las profundidades y el cuerpo se enredó en las algas del fondo”, apuntan los viejos si les preguntas, señalando el centro del lago, cuya profundidad aún se desconoce.

Un año después, una gran carpa apareció en el mismo lugar donde cayó la niña al agua y se quedó a vivir en la orilla. Allí sigue, comiendo mansamente de las manos de todo aquel que le lleve pan.

Basado en la obra de Marta Solsona “Nena tocant l’aigua” (2006) y la popular carpa Ramona de Banyoles.

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