Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



lunes, 21 de marzo de 2011

La casa de la vieja dama


La casa sigue perteneciéndole, aunque ella ya no la habite desde hace mucho. Desnuda y violada pero no marchita, conserva su resplandor intacto. Espera pacientemente a que alguien la ame de nuevo algún día. Para el visitante ocasional es dificil no enamorarse un poco ella, de su historia, de su dignidad, de su corazón noble.

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