Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



sábado, 26 de febrero de 2011

Lo que el viento se llevó


Sierra del Cadí, Catalunya

Hay un espacio sagrado dentro de mi, entre pecho y espalda, entre carne y huesos. Es la parte del hogar originario que viajó conmigo hasta aquí; es original, único y puro, y sólo una incompleta fotografía del mundo del que procedo. Mi mente no recuerda pero sí mis ojos y mi corazón; mis manos cuando bordaban dibujos sobre cuero y mis pies cuando caminaban descalzos en comunión con la tierra, los animales y los árboles.

Mirar a ese lugar me hace sentir con toda intensidad la añoranza por la pérdida; ahí están los atardeceres de estío y el viento, el calor y la seguridad del fuego, la sabiduría y la libertad de las llanuras. Todo aquello que desapareció para siempre y no regresará jamás.

Recuerdos de una niña Cree de Alberta, Canadá

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