Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



lunes, 21 de febrero de 2011

El santuario verde

  Santa Fe del Montseny, Barcelona, Catalunya


    La criatura era tan vieja, había permanecido tanto tiempo en las profundidades esmeraldas del bosque, que el mundo había olvidado su existencia. De tal manera que incluso ella misma era incapaz de recordar su nombre e ignoraba que era la última de su raza. Donde la hiedra extendía entre los árboles una tela de araña verde, penetrada tan sólo por escuálidos haces de luz, moraba ella acurrucada en la penumbra húmeda. Ese era su hogar, un fresco, sereno y olvidado santuario arbóreo.

2 comentarios:

  1. Me declaro desde ya fan de tu forma de escribir, de esas palabras que parecen bordadas con mimo...con la justa intensidad...

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