Pertenezco a los bosques, a los ríos, a la hierba húmeda, a los témpanos de hielo y al sol de primavera; pertenezco a los lobos y a los valles, al águila y a la lechuza, a los árboles y a los lagos, al mar y al desierto. Y en las noches de luna roja de agosto, mi alma ulula desconsolada porque anhela regresar a casa.
R.M.



lunes, 21 de febrero de 2011

El puente realizado



Era un puente humilde, insignificante, comparado con sus primos de las grandes ciudades. Un puente solitario y no especialmente agraciado, que cruzaba hacia un sendero muerto hacía mucho tiempo. Sus días de servicio habían terminado y se sentía viejo y olvidado. Ya nunca recíbía visitas...

Pero un día conoció a un inquieto trasero con gran afán de protagonismo. El trasero y el puente se hicieron amigos, se fotografiaron juntos y el trasero habló maravillas de él a otros traseros.
A partir de entonces, numerosos traseros comenzaron a frecuentar el pequeño puente; se apoyaban en él para fotografiarse, charlar con él o suspirar ante el azul de las aguas del río.

El puente dejó así de sentirse solo y de envidiar a sus primos urbanitas. ¡Volvía a ser feliz y tenía amigos!

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